La leyenda de Anahí y la flor del ceibo

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La leyenda de Anahí y la flor del ceibo

Si has dado un paseo por nuestro jardín, quizás habrás visto esas preciosas flores rojas dispuestas en vistosos racimos…las flores del ceibo.

La flor del ceibo, cuyo nombre científico es Erytrina Crista Galli es la flor nacional de Argentina y Uruguay. Originario de Sudamérica, este árbol es también conocido como: árbol del coral, bucaré, ceibo, cachimbo, flor de coral, gallito, pico de gallo, sananduva, seibo o seíbo. 

Sobre esta planta y sus llamativas flores, existe una leyenda y numerosas versiones…esta es una de ellas:

Cuenta la leyenda que en las tierras que bañaba el río Paraná, vivía una india llamada Anahí, perteneciente a la tribu "Guayaquí", de la familia de los guaraníes. Sus hombres y sus mujeres se caracterizaban por ser belicosos e indomables,  celosos defensores de sus tierras y de su hogar. 

Anahí, amaba con pasión su tierra, recorría sola los bosques, conocía todos los rincones de la espesura, todos los pájaros y flores que la poblaban…Dicen que no fue agraciada en belleza, siendo incluso la más fea de todas, pero tenía una voz tan dulce y hermosa  que al escucharla…nadie recordaba que tenía un rostro poco agraciado. Cuando ella cantaba,  hasta el río rumoroso parecía callar para escucharla. Tenía un corazón noble y valiente en un cuerpo menudo.

Pero un día, resonó en la selva un rumor más fuerte que el río…el ruido de las armas de unos extraños hombres de piel blanca, que remontaron las aguas y se internaron en la selva. La tribu de Anahí se defendió de los invasores. Sin titubear, la joven Anahí se sumó a los guerreros de su tribu para defender su hogar. Su voz ya no cantaba más, gritaba la venganza y la guerra, animando a los hombres y mujeres de la tribu. Nadie hubiera sospechado tanta fiereza en un cuerpecito moreno tan pequeño, pero, el ver caer a sus seres queridos le dio fuerzas  para seguir luchando. 

Tras una cruenta lucha Anahí fue hecha prisionera, triste y sola no perdió su energía e incluso cantaba por momentos. Una noche, en un momento de descuido del centinela que la custodiaba, Anahí  logró escapar asestándole un violento golpe en la nuca, pero no logró llegar muy lejos…el soldado herido murió pero sus quejidos alertaron al resto que no tardaron en alcanzarla. Fue acusada de ser bruja, porque resultaba difícil creer que con ese pequeño cuerpo y su juventud hubiera dado muerte a un soldado sin mediar la ayuda del diablo y fue condenada a morir en la hoguera. 

Atada a un árbol junto a la ribera del río, apilaron leña a sus pies y le prendieron fuego. Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó a cantar una canción en la que pedía a su Dios por su tierra, sus bosques, sus ríos, su tribu. Con los primeros rayos de sol, los soldados observaron atónitos como el cuerpo de Anahí se había convertido en el robusto tronco de un precioso árbol del que pendían racimos de flores rojas, tan rojas como las llamas que habían consumido a la joven. Estas flores, se mostraban en todo su esplendor, como símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

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