La leyenda de la Isla de San Borondón

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La leyenda de la Isla de San Borondón

En tiempos de la Edad Media antes de que la cartografía plasmara exclusivamente datos científicos, la información proporcionada por los mapas era un tanto singular, ya que en sus ilustraciones se entremezclaba historia, religión y mitología.       

Así en algunos atlas, entre la Edad Media y la Edad Moderna, se podían encontrar la localización exacta del Jardín del Edén, ciudades legendarias, plantas exóticas, animales, salvajes,  leyendas clásicas como el vellocino de oro de Jasón y los Argonautas, las columnas de Hércules, monstruos marinos que los cartógrafos utilizaban para ilustrar regiones misteriosas e inexploradas, avisándonos de los posibles peligros si se navegaba por dichas latitudes… y como no, un sinfín de islas inexistentes en medio de los mares o incluso de los ríos.      

El misterio que rodea a algunas de esas islas, ha sobrevivido en los antiguos pergaminos como si esperaran pacientemente a través de los siglos la llegada de un audaz viajero que las sacara por fin de su escondite… éste es el caso de la isla de San Borondón.           

Esta isla errante, aparece y desaparece, desde hace varios siglos, en diversos puntos del horizonte del archipiélago canario. Numerosos testigos han narrado la aparición de la misma a los largo de la historia y aparece representada en una extensa cartografía a través del discurrir de los tiempos como El Planisferio de Hereford, de Richard de Haldinghan (finales del siglo XIII) Planisferio alemán de Ebstorf  (finales del siglo XIII) o la Carta de   Pinciano (1367).

Su existencia llegó a cobrar tal fuerza que algunos monarcas europeos como los portugueses Alfonso V y Manuel II, los Reyes Católicos y Carlos I de España, organizaron expediciones en su búsqueda.           

San Borondón es la forma canaria de Saint Brendan o Saint Brandán de Confert, un monje irlandés protagonista de una de las leyendas más famosas de la cultura celta Según una de las versiones de este relato, este monje irlandés del siglo VI recorrió el Atlántico durante siete años acompañado de diecisiete monjes, buscando la Isla de la Felicidad.  

Durante su famosa travesía recorrió tierras míticas pobladas de seres extraordinarios, un mundo lleno de fantasías,  monstruos. Un día vieron desde su embarcación la silueta de una isla, y como se aproximaba la fecha de la Pascua se acercaron a ella para celebrar los oficios preceptivos. Cuando al día siguiente, se disponían todos a comer la carne que habían guisado en tierra firme, ésta empezó a temblar y comenzó a moverse: se trataba de un gran pez en cuyo lomo se había desarrollado la vegetación dándole la apariencia de una isleta. Todos saltaron a la nave y vieron como la supuesta isla desaparecía rápidamente en la lejanía.

En Canarias, el mito fue adoptado con entusiasmo, y adaptado a la idiosincrasia local ya que es un hecho indiscutible, que la apariencia de una isla se presenta frente a nuestras islas con cierta regularidad y en distintos lugares, sea cual sea la explicación de este curioso fenómeno, óptica o meteorológica, lo cierto es que es que aunque no se trate de tierra firme…a veces se puede ver una isla, posiblemente la Isla de San Borondón, ¿la has visto?

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