La leyenda de la princesa Orone

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La leyenda de la princesa Orone

La Gomera es una isla que vive sus antiguas tradiciones, transmitidas de generación en generación, por la gente mayor del lugar. Se trata de hechos naturales y sobrenaturales, con mayor o menor base histórica que han conseguido pervivir en el tiempo a través de relatos, cantos, cuentos, mitos o leyendas, donde luces misteriosas, piratas, brujas, conquistadores, reyes, princesas, rebeliones o trágicos amores…son los principales protagonistas.

Los niños gomeros, han crecido escuchando, leyendas como la de la Princesa Orone entre otras. Orone, era una princesa gomera que vivió en el S. XIV y era hija del rey Anhagas, jefe de uno de los cuatro cantones en los que se dividía la isla, Ipalán.

Desde muy pequeña, destacó por su belleza, su energía inagotable y sus ganas de aprender. Mostraba gran interés por todo lo que le rodeaba y siempre estaba haciendo preguntas a los mayores. Le encantaban los juegos, las carreras laderas abajo con su vara de madera (astía) y la lucha, solía organizar enfrentamientos que casi siempre ganaba gracias a su gran destreza.

Orone creció fuerte y soñadora y ponía empeño en todas las tareas típicas de la época que desempeñaba, como cuidar el ganado, ordeñar, hacer queso, pescar, mariscar y curtir pieles.

El día que estrenó su nuevo tamarco de pieles blancas (una vestimenta a base de pieles de cabra cosidas) conoció al que sería su gran amor, Acorama, un joven guerrero del cantón vecino.

Cada atardecer se escapaban al monte, a escondidas, pero una mañana, Tixiade, la bruja, le advirtió que no subiera al monte porque algo terrible estaba a punto de suceder. Orone desoyó el consejo de la bruja, y subió al monte a encontrarse con su amor.

Mientras estaba en el monte, paseando con Acorama, se desató el caos en la isla. Habían llegado, esa misma tarde, barcos con hombres armados que desembarcaron en La Gomera, el miedo y la confusión reinaban en todos los rincones, Orone y Acorama, ajenos al peligro, se despidieron al anochecer como cualquier otro día.

Cuando la princesa bajaba la ladera ayudada de su astía, un joven recién llegado le salió al paso, le habló de forma brusca en una lengua desconocida y ella asustada se echó a correr. Mientras Orone silbaba pidiendo ayuda él se reía e intentaba atraparla. Perdida en la noche, la pobre Orone presa del pánico, resbaló y cayó por un barranco.

Al día siguiente, la encontraron muerta, parecía dormida sobre las flores. Cuenta la leyenda que cuando la levantaron del suelo, brotó una fuente con dos brazos que se asemejaban a dos alas plateadas que corrieron en direcciones opuestas: una voló como un torrente por los valles del norte y la otra bajó suave por las laderas del sur.

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